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Irune Agirre: "Siempre he sentido que estaba en mi lugar"

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Irune Agirre es investigadora del área de sistemas embebidos confiables de IKERLAN. Estudió Ingeniería Electrónica en la Universidad de Mondragon, realizó un Máster en sistemas embebidos y un doctorado en Ikerlan, en colaboración con la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), sobre seguridad funcional centrada en plataformas multicore. Con motivo del Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, que se celebra hoy 11 de febrero, Irune ha participado en el foro organizado por el Parque Tecnológico Garaia y Mondragon Goi Eskola Politeknikoa para acercar la realidad de las profesiones STEAM a estudiantes de la ESO, Bachillerato y Formación Profesional de Euskadi.

Cree que el desconocimiento y la falta de referentes son un hándicap para que las niñas y jóvenes se sientan atraídas por las carreras científicas y tecnológicas. Ella siempre se ha sentido estar en su lugar –pese a estar rodeada de hombres– y quiere transmitir a las chicas que “no hay que ser un genio para elegir estas carreras, hace falta interés y que te guste, eres completamente capaz”.

¿Recuerdas haberte sentido atraída por la ciencia y la tecnología desde niña?

En la ikastola tenía claro que me gustaban esas asignaturas que a la gente no le suelen gustar tanto: prefería las matemáticas y la física, antes que las letras.

¿Te sentías una rara avis?

Nunca me he sentido distinta por ello, quizá porque tengo una hermana mayor que también ha ido por esta línea. Nunca me he sentido rara, aunque ya desde la ESO en las optativas de tecnología éramos cuatro chicas en una clase completa de chicos.

¿Y en la carrera?

Creo que la ingeniería electrónica, informática y mecánica son las ramas en las que menos mujeres hay siempre. El primer año era la única chica en el centro que MU tiene en Goierri. Después, en Arrasate, seríamos 30 en clase y cuatro chicas.

¿Alguna vez has escuchado algún comentario en el sentido de que ‘esto es cosa de chicos´?

Lo único que recuerdo es el comentario de algún profesor de otra época. Yo siempre he sentido que estaba en mi lugar.

¿Sois pocas o se os ve poco?

Ambas cosas. Somos pocas, lo dicen los datos: en torno al 27 % y también se nos ve poco. Aunque es algo que está cambiando, y en los últimos años se está tratando de dar visibilidad a las mujeres, muchos logros alcanzados por mujeres han sido atribuidos a hombres.

¿El techo de cristal es especialmente acusado en este ámbito?

Partimos de la base de que hay menos mujeres, por lo que en los puestos de decisión se ve de forma muy acusada. En el caso de IKERLAN, la proporción de mujeres de la plantilla se mantiene en la proporción de mujeres en los puestos directivos. Si miramos a las empresas tecnológicas del entorno, vemos que todavía hay muy pocas mujeres directivas.

¿Cuenta IKERLAN con políticas activas para atraer a mujeres investigadoras?

En Ikerlan existe un comité de igualdad para tomar medidas en este ámbito. Al mismo tiempo, se reciben un 20 % de currículum de mujeres y un 80 % de hombres. Es difícil contratar un ratio mayor de mujeres. Cuando yo estudié éramos muy pocas chicas y esos ratios no han mejorado.

¿Qué opinión tienes sobre las cuotas?

Creo que el problema debe abordarse desde la raíz, lograr que más mujeres estudien este tipo de carreras y esto acabe teniendo su reflejo en las empresas. Es un reto del conjunto de la sociedad, de la escuela, de las familias y las instituciones. En ese sentido, dar más visibilidad a las mujeres es clave y también iniciativas como la que Parque Tecnológico Garaia y Mondragon Goi Eskola Politeknikoa han organizado hoy, para que las chicas conozcan de forma más directa lo que hacemos. Creo que cuando se habla de este tipo de carreras a veces las chicas se asustan porque no saben realmente lo que es, además se ve como un mundo de hombres; no se atreven a ir por ese camino porque no hay demasiada información de lo que hacemos en el día a día.

Desarrollas tu trabajo en el área de sistemas embebidos de IKERLAN. ¿Qué aplicaciones tiene tu trabajo?

Un sistema de seguridad embebido viene a ser un ordenador pequeño que está en los sistemas que empleamos en el día a día: están en el ascensor, en la lavadora, en los coches. Toman las decisiones necesarias para que, por ejemplo, si pongo el programa 2 en la lavadora, se lleve a cabo el programa.

En mi día a día investigo sobre cómo garantizar la seguridad de esos sistemas, porque si te falla el controlador de la lavadora, deja de funcionar; pero si falla el de un tren, puede provocar un accidente con daños personales. Las aplicaciones de nuestro trabajo están relacionadas con la industria que tenemos alrededor: ascensores, automóviles, trenes, maquinaria industrial… Todo aquello que tenga un procesador y exista riesgo para la vida de una persona.

Además, cada vez es un reto mayor garantizar la seguridad de todos estos sistemas, ya que cada vez son más complejos.

¿Y cuáles son tus funciones, en tu día a día?

Participo en distintos proyectos, que abarcan desde trabajos para empresas, hasta proyectos de investigación y apoyo a los estudiantes que tenemos en IKERLAN. Por ejemplo, llevo un proyecto para Orona y coordino el proyecto de investigación europeo UP2DATE –sobre tecnologías de actualización remota de software crítico para automoción y ferrocarril–; en IKERLAN tenemos a bastantes estudiantes en formación, como entré yo al principio y, en mi caso, llevo el Trabajo de Fin de Máster de un estudiante y la tesis doctoral de otro.

Has mencionado los proyectos financiados por la Unión Europea, ¿incluyen requisitos de igualdad?

Sí, requieren que se potencie el rol de la mujer en el proyecto y que se tomen acciones para compensar la desigualdad. En UP2DATE, por ejemplo, nos hemos propuesto dar visibilidad a las mujeres que trabajan en el proyecto, monitorizamos el ratio de mujeres participantes y al hacer nuevas contrataciones para el proyecto tratamos de tener en cuenta este factor.

¿La presencia de las mujeres es mayor en organizaciones de otros países europeos, por lo que ves en los proyectos que lidera o participa IKERLAN?

No veo que haya grandes diferencias, incluso, en algunos casos, en los roles técnicos, la participación es menor. Pedimos datos para conocer el número de mujeres en los departamentos y se mantiene el ratio en torno al 25 %.

¿Qué mujeres se mencionaron durante tus años de estudios ligadas a tu campo de conocimiento?

Muy pocas, la verdad. No se les da el reconocimiento que se les debería. Nombres de fórmulas matemáticas o procesadores tienen nombres de hombres, aunque hayan participado mujeres en su desarrollo. Un caso cercano a mi ámbito es el del ENIAC (Electronic Numerical Integrator And Computer), el primer computador eléctrico que se desarrolló durante la segunda guerra mundial. La tarea de programarlo estuvo a cargo de seis mujeres, a las que no se les dio ningún crédito: en las fotos figuraban como modelos, no como las matemáticas que eran.

¿Qué mujeres referentes tienes en mente en tu campo profesional? 

Frances Elisabeth Allen realizó una contribución muy importante desarrollando compiladores –lo que traduce en lenguaje de los humanos al lenguaje de las máquinas. En este caso, su trabajo sí ha sido reconocido y tiene varios premios, como el Turing del año 2006. Fue la primera y una de las pocas mujeres que han ganado este reconocimiento, considerado el Nobel en el campo de las Ciencias de la Computación. 

Ada Lovelace es otro referente, al ser considerada la primera persona que creó un programa de ordenador. Hoy en día existe un premio en su honor e incluso un lenguaje de programación utilizado en entornos de seguridad lleva su nombre (Ada), aunque hasta hace poco yo desconocía que el origen del nombre se debiera a ella, ya que no fue mencionada durante mis estudios y lo descubrí por casualidad.

¿Qué crees que aportan eventos como el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia?

Debido a los números, aún no es muy común tener un familiar o referente cercano que trabaje en este ámbito y que sea mujer,  para poder compartir de primera mano su experiencia. Yo tuve a mi hermana y gracias a ella podía entender mejor qué era hacer una ingeniería. Estos eventos sirven para explicar todo esto de primera mano y darles la oportunidad a que nos puedan preguntar.  Por suerte, en nuestro entorno hoy en día tenemos las mismas oportunidades que los hombres de estudiar y trabajar. Tienen que saber que son totalmente capaces, que no hay que ser un genio, no hay que ser Marie Curie y tener dos premios Nobel para trabajar en este ámbito. Si les gusta, si les interesa, cualquier persona es completamente capaz. Lo importante es tener las ganas.

¿Qué cualidades crees que debe tener una persona para dedicarse a la investigación?

Sobre todo, mucha inquietud y ganas de aprender cosas nuevas continuamente, hay que estar muy abierta al cambio, a proponer soluciones. Es un aprendizaje continuo.

¿Investigar es un trabajo o una forma de vida?

Creo que depende de la persona y también de la etapa. Por ejemplo, cuando estás haciendo el doctorado, que al final es un proyecto propio en el que estas muy centrado, te pones una mochila el día que empiezas y la sueltas el día que terminas, te la llevas a casa, de vacaciones, a todas partes. En mi caso, con el tiempo he aprendido a desconectar más del trabajo y separarlo de mi vida personal, pero todavía, a diferencia de otros trabajos, la investigación es más difícil dejarla en la oficina y, cuando hay hitos en el trabajo o estás muy centrada en un tema, a veces aparece en tus sueños o hasta se te ocurren ideas mientras cocinas o realizas otras labores de la vida cotidiana.

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